Ludopatía (II)

A pesar de la regularidad con la que se produce la conducta de juego, el gasto de dinero y la dedicación que consagra a esta actividad, el área familiar y de trabajo no se ven deteriorados. El jugador problema tiene un alto riesgo de convertirse en jugador patológico. Dostoievski refleja a continuación este tipo de jugadores en su obra “El jugador”.
“He dicho que me voy y me voy. Hoy he despilfarrado quince mil rublos en vuestra condenada ruleta. Hace cinco años hice la promesa de reedificar en piedra, en las afueras de Moscú, una iglesia de madera, y en lugar de eso me he jugado el dinero aquí. Ahora, me voy a construir esa iglesia.”
(Dostoievski, El jugador).
Pasando a otro tipo, encontramos al Jugador Patológico, que se caracteriza por la pérdida de control sobre la conducta de juego interfiriendo esta última con el funcionamiento normal en la vida cotidiana. Las conductas de juego descontrolado responden a las características de frecuencia de juego y/o inversión en tiempo y en dinero extraordinariamente altas, apuesta de una cantidad de dinero superior a la planeada, pensamientos recurrentes y deseo compulsivo de jugar, sobre todo cuando han perdido, una necesidad subjetiva de jugar para recuperar el dinero perdido y un fracaso reiterado en el intento de resistir el impulso de jugar. Una vez más Dostoievski ya lo había descrito en su obra como sigue.
“En ese solo día había perdido hasta noventa mil rublos, sin contar lo que había perdido la víspera. Todos sus billetes -todas las obligaciones de la deuda interior al cinco por ciento, todas las acciones que llevaba encima-, todo ello lo había cambiado sucesivamente. Yo me maravillaba de que hubiera podido aguantar esas siete u ocho horas, sentada en su silla y casi sin apartarse de la mesa… Pero bien saben los jugadores que puede uno estar sentado jugando a las cartas casi veinticuatro horas sin mirar a su derecha o a su izquierda.”
(Dostoievski, El jugador).
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